Qué significan de verdad los símbolos precolombinos de Panamá

Mesa de orfebre con dijes de oro en forma de rana, espiral cuadrada, media luna y ave, junto a martillos y alicates

Aquí nadie escribió nada. Ni libros, ni alfabeto, ni un escriba dejando constancia para que los arqueólogos discutieran después. Lo que sobrevivió es más raro y, la verdad, más útil: el metal mismo, y las formas exactas que la gente eligió fundir en él.

Esas formas no se eligieron porque quedaran bonitas en una cadena. Alguien al otro lado de la plaza podía leerlas de un vistazo. Decían quién eras, qué pedías y qué creías que te cuidaba.

La rana: la lluvia, y la suerte que venía con ella

Toda la cosecha dependía de que la lluvia llegara más o menos a tiempo, y la rana siempre llegaba antes. Aparece antes que el agua. Los orfebres del Gran Coclé, en el centro de lo que hoy es Panamá, la fundían en pequeños amuletos llamados huacas.

Arete de gota con rana de oro, puesto
Casi siempre agazapada, con las patas recogidas, como si fuera a saltar del lóbulo de tu oreja.

El vínculo nunca se fue del todo. La rana dorada sigue siendo el símbolo de suerte favorito del país, tan popular que tiene su propio día nacional. Si tuvieras que apostar por la forma precolombina más reconocible del istmo, esta es la apuesta segura.

La greca: un camino sin final a la vista

La espiral cuadrada, llamada la greca, es uno de los signos más antiguos de América, y no se comporta como debería una espiral. Gira hacia adentro, se cierra sobre sí misma y nunca termina de cerrar. Se leía como el camino de una vida, o como el recorrido diario del sol, según a quién le preguntes.

Dos brazaletes de oro grabados con motivos precolombinos, apilados en una muñeca
Los orfebres volvían a esta misma línea más que a cualquier otra forma que tuvieran.

Está claro que no podían dejarla en paz. Aparece en brazaletes, en cuentas y en dije tras dije. Llevarla puesta significaba desear buen viaje a quien la cargaba, que es probablemente por lo que sigue quedando bien en algo que te traes de un viaje.

Una rana pedía lluvia. Un águila decía quién mandaba. Una espiral te deseaba un camino seguro a casa.

La nariguera: el rango que se veía desde el otro lado del salón

Una media luna de oro, llevada sobre el rostro o el pecho. Cumplía un trabajo real. Al reflejar el sol, anunciaba quién mandaba antes de que esa persona dijera una palabra. Los caciques la usaban en fiestas, en ceremonias y en cualquier sitio donde necesitaran que los notaran primero.

No todos los pueblos la hacían igual. Los taironas, en la Sierra Nevada colombiana, fundían medialunas macizas y pesadas para el rostro, y no había forma de confundirlas con otra cosa que no fuera metal en serio. Los sinúes fueron por el camino contrario e hicieron algo bastante extraño. Fundían el oro en una sola pieza y después lo trabajaban hasta que parecía tejido, una técnica que hoy se llama falsa filigrana. Sus medialunas están caladas por completo y casi no pesan. A contraluz parecen encaje, que es algo raro de decir de un metal.

Collar de discos de jaspe mostaza con nariguera semilunar de oro Collar de ágata fucsia con dije de media luna en filigrana de oro
Dos tradiciones, una misma media luna. El peso macizo tairona a la izquierda, el encaje calado sinú a la derecha.

El águila arpía: un vuelo entre los mundos

El ave nacional de Panamá también es la rapaz más poderosa de América, lo que forma una pareja coherente. Los orfebres fundían aves como esta para representar el vuelo del chamán, el viaje entre el mundo de las personas y lo que hay al otro lado. Los caciques las llevaban sobre el pecho para mostrar su rango.

Arete de gota con águila arpía de oro texturado, de cerca
La cresta la delata, trabajada pluma a pluma, que es más esfuerzo del que recibió nunca la mayoría de los búhos.

La gente las confunde con búhos todo el tiempo, y es un error fácil de cometer. La pista está en la cresta. Se trabajaba pluma a pluma, y es claramente donde el orfebre puso más paciencia.

Por qué esto le importa a una joya

Aquí el oro nunca fue dinero. Se parecía más a una frase que podías llevar puesta.

Esa es toda la diferencia entre un recuerdo que olvidas en un cajón y una pieza que de verdad dice algo. También es la razón por la que dejamos los símbolos intactos, en vez de limarlos hasta convertirlos en una forma tribal genérica que podría significar cualquier cosa, que es otra manera de decir que no significa nada.

La pieza

Decoración Calima, amatista y ojo de tigre

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